Melo en Birmania (y en Vietnam)


Big 4: Mandalay
13 octubre 2009, 14:53
Filed under: asia, big4, birmania, burma, mandalay, myanmar, viajes

Rudyard Kipling, cuyo poema ‘Mandalay’ fue cantado por Sinatra en 1958, dijo que Birmania es ‘una tierra del todo distinta a cualquier otra conocida’.

Mandalay es la segunda mayor ciudad de Birmania con una población de casi un millón de habitantes. Fue la última capital del reino birmano antes de la colonización británica.

Mandalay una ciudad polvorienta, repleta de bicicletas y puestos de comida callejeros.

Se construyó en 1857, en torno a la colina que domina la ciudad, cuya cumbre ofrece una espléndida panorámica de 360 grados: el espectacular río Irrawaddy al oeste, la ciudad al sur, los arrozales al norte y las colinas del país shan -etnia dominante en la montañosa parte oriental de Birmania, fronteriza con China y Tailandia- al este.

Se puede subir en taxi, pero es mejor a pie, aunque hay que hacerlo descalzo. Se pueden visitar santuarios de Buda o nats -espíritus animistas incorporados al budismo-, charlar con algún monje u observar la práctica del chinlon, una mezcla de fútbol y voleibol con pelota de mimbre.

Tras esta visita, obligada y recomendable en la puesta de sol, Mandalay genera en el visitante una cierta desorientación. ¿Por dónde empezar?

La ciudad es el corazón comercial, religioso y cultural del centro y norte de Birmania.

El descomunal palacio real ocupa lo que debería ser el centro- y un incesante traqueteo de vehículos destartalados, no invita a callejear.

Se puede regatear con un conductor de trishaw -especie de bicicleta con sidecar- para visitar las pagodas al sur de la colina: Sandamani Paya, Kyauktawgyi Paya, con un buda de ocho metros tallado de una pieza en mármol, o Kuthodaw Paya, conocida como ‘el libro más grande del mundo’ al albergar en 729 losas de mármol las escrituras sagradas del budismo.

Al suroeste, la Mahamuni Paya es uno de los santuarios más visitados de Birmania. Y cuando uno se canse de pagodas -sucede antes o después- conviene tomarse la tarde para pedir un té con dulces, acudir al mercado de Zaigyo o probar la excelente Myanmar Beer.

Para visitar las afueras también habrá que regatear: Se puede optar por un blue taxi -minúsculas camionetas Mazda de los años 50- o un white taxi, robustos y algo más cómodos -todo es relativo- Toyota.

Los mayores atractivos de Mandalay están en las antiguas capitales birmanas situadas a a pocos kilómetros: Amarapura, Sagaing, Inwa y Mingún.

Es obligada la visita al precioso puente de U Bein en Amarapura, el puente de teca más largo del mundo (1,2 kilómetros), que ofrece su puesta de sol entre escolares que regresan a casa, monjes budistas con túnica azafrán y pescadores.

No muy lejos están Inwa y Sagaing. Para acceder a Inwa, después de dejar el taxi hay que tomar una barcaza, y luego contratar una calesa para moverse por la isla.

La mayor parte de sus construcciones están invadidas por la vegetación, y los campesinos cultivan arroz en tierras que durante 400 años eran parte del palacio real.

El monasterio Bagaya Kyaung está hecho enteramente de teca, sujeto sobre centenares de enormes pilares, y en su interior conviven ardillas y monjes dando clase a los niños.

Al otro lado del río está la colina de Sagaing, lugar sagrado donde viven unos 6.000 monjes budistas. Es un relajante laberinto de escaleras salpicadas de cementerios, stupas y templos, con vistas al Irrawaddy.

Volviendo a Mandalay, desde el atareado puerto fluvial salen cada día barcos a Mingún, cuyas gigantescas construcciones quedan empañadas por la insistencia de los vendedores de souvenirs.

Se puede encontrar, además de una campana de 90 toneladas, los restos de lo que iba a ser la mayor pagoda del mundo, con 150 metros de alto y semiderruida por un terremoto.

La escapada, de medio día, merece la pena por el trayecto en barco por el Irrawaddy. De igual modo, la mejor forma de salir de Mandalay es río abajo hasta Nyaung U.

Es la puerta de la explanada de los templos de Bagán, que impresionó a Marco Polo y aún eriza el vello del viajero más curtido.

Hay distintas opciones, desde los cruceros rápidos para turistas hasta los barcos locales. Éstos suponen 15 horas de viaje con paradas en las que se comercia toda mercancía imaginable mientras el barco es abordado por despiadados vendedores de samusas, sandías y chucherías.

A la cuarta hora uno se arrepiente de su decisión, pero ya el tiempo dirá qué vivencias se olvidan y cuáles perduran.

Vía Cinco Días

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1 comentario

Hola!cuntos dias me llevaria mandALAY? voy por libre y tengo 22 dias para ver lo mas posible del pais, tengo q exprimir eltiempo al maximo.
gracias

Comentario por Pat




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