Melo en Birmania (y en Vietnam)


Good Morning Vietnam
26 marzo 2010, 12:35
Filed under: bangkok, birmania, burma, ho chi minh city, pham ngu lao, viajes, vietnam, vuelos, yangon

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Ya estoy en Hồ Chí Minh, Sài Gòn hasta la caída de Saigón (conocida también como Liberación de Saigón) tras la captura de la capital survietnamita de Saigón por el Viet Cong y la evacuación masiva de diplomáticos y personal de apoyo estadounidense y ciudadanos extranjeros que marcó el fin de la Guerra de Vietnam y la reunificación del país.

Pero dejé el blog en Yangon y continúo desde allí.

Hace tres días volé desde el Lago Inle hasta Yangon. Allí me alojé en la guesthouse Motherland 2 Inn (dentro de la escasa oferta hotelera de la ciudad, aceptable).

Allí me encontré con un montón de viajeros. Unos entraban en el país y otros esperábamos al día siguiente para coger el vuelo de las 8.00 de la mañana de AirAsia para volar a Bangkok.

Entre otros estaba la suiza que me cambió el billete de 100$ en el Lago Inle, a la que había perdido la pista dos días atrás y una pareja de polacos que están dando la vuelta al mundo y con los que también coincidí en la guesthouse del Lago Inlé.

Estaba además un chico de Valencia que habia pasado casi un mes en Birmania y ahora se iba unos días a bucear a Malasia antes de volver a currar a España.

Tras la cena hubo una divertida tertulia en la terraza de hotel donde la gente que acababa de llegar se informaba sobre el qué, cómo, cuánto, dónde del país.

Pronto a dormir por que al día siguiente habia que levantarse a las 5.30 para desayunar a las seis, coger el minibus del hotel al aeropuerto a las 6.30 y hacer el check-in a las siete.

La terminal de internacional de Yangon no tiene nada que ver con la de vuelos domésticos. Es muy nueva y bastante chula.

Éso si, los aeropuertos de Birmania son divertidos. Puedes volar con lo que quieras encima. Tienen detectores de metales, pero pasas, pitas y te dejan pasar sin cachearte.

Si llevas un tanque camuflado en la mochila, no pasa nada. Puedes volar con botellas de agua a la vista, …, sin problema.

Pagar las tasas de salida, los controles de inmigración y al avión.

A las ocho y media embarcamos en el avión y hora y media más tarde aterrizábamos en el aeropuerto de Suvarnabhumi. Seguramente sea el aeropuerto más chulo en el que haya estado nunca.

Nada más llegar al aeropuerto de Bangkok tuve que pasar los controles de inmigración para entrar en el país (para unas horas), coger la mochila y al mostrador de AirAsia para comprar el siguiente vuelo a Hồ Chí Minh, el de las cuatro menos cinco de la tarde.

Pude pagar con tarjeta (por fin), me dejaron facturar en el momento y a hacer tiempo para coger el siguiente vuelo. Tenía casi cinco horitas de espera.

Volví a pasar el control de metales, el control de inmigración para hacer la salida del país y pasé a la zona de embarque que es más interesante.

Me recorrí el aeropuerto de punta a punta. Descubrí que algunos bares del aeropuerto tenían wifi gratis si eras cliente, así que me tomé más de un batido de fruta (aquí los ponen muy ricos) y me leí la prensa española en el movil, respondí correos atrasados, …, para echar el rato.

Este aeropuerto, junto con el de Singapur, es un hub muy importante para entrar a cualquier país del sudeste asiático y te puedes encontrar viajeros de todo el mundo, desde yankees gordos hasta mujeres musulmanas con burkha, …, mucha fauna, así que el tiempo corrió más rápido de lo que esperaba.

Y vuelta a embarcar y en hora y pico aterricé en Saigón. Hace cinco años menos una semana aterricé en este mismo aeropuerto y me trajo buenos recuerdos.

Vuelta a pasar los controles de inmigración para entrar en el país (había amanecido en Birmania, comido en Tailandia e iba a cenar en Vietnam), cambié los dólares que no me habían querido aceptar en Birmania por dongs y cogí un taxi para el hotel.

Como curiosidad, un euro son algo más de 25.000₫, así que en este país las cuentas son astronómicas.

En el camino del hotel em metí en un mar de motos. Si hay algo característico de esta gran urbe asiática es el tráfico de motos de sus calles, habrá millones de scooters circulando a todas horas por la ciudad.

Las aparcan en todas las aceras, como prácticamente no hay semáforos y la circulación no para, has de cruzar entre ellas, sin cambiar el ritmo para que no te atropellen, en cada paso.

Hay bastantes pasos de cebra, pero al contrario que en nuestro país no dan preferencia a peatón sino que son solo indicadores de que no es mas sitio para cruzar entre las motos, así que lo habitual es cruzar “a la mecagüen tal” entre el tráfico.

Por suerte no circulan a gran velocidad, aunque cuando estuve con Andrés hace cinco años, el primer día al poco de llegar vimos un atropello a un vietnamita con bastante sangre por el suelo. Hay que tener prudencia.

Volví al mismo hotel en el que estuvimos entonces, el Mai Phai Hotel, en pleno distrito mochilero de Phạm Ngũ Lão, el Khaosan Rd. vietnamita.

Regateé la habitación (los 16$ que me pedían al principio se quedaron en 14$), me pegué una buena ducha y salí a dar un paseo. Había caído el sol y se estaba a gusto en la calle.

Además las calles de la ciudad son muy curiosas. El vietnamita hace mucha vida en la calle y cuando la temperatura es agradable (este es el mes más caluroso del año en la ciudad más calurosa en la que he estado nunca) salen a la calle.

Hay un paseo frente a mi hotel que es un claro ejemplo de la vida vietnamita.

Hay un par de templetes donde cincuentones y cincuentonas ensayan bailes de salón con un radiocassete: tangos, valses, …

Puedes ver a bastante gente haciendo deporte: footing, flexiones, … El vietnamita cuida bastante su cuerpo. Son bajitos pero fibrosos.

Además puedes ver muchos salones de estética, las mujeres van por la calle con paragüas o máscaras de cirujano para evitar ponerse morenas. El ideal de belleza es tener el cutis cuanto más blanco mejor.

Asi queda claro que no te dedicas a la agricultura sino que eres una persona urbana.

También es habitual (aunque lo vi más hace cinco años) que los hombres se dejen la uña del dedo pequeño tremeeeeendamente larga por el mismo motivo. Es señal de una persona que no ejerce una profesión manual.

En el mismo paseo (y por toda la ciudad) puedes ver a parejitas acarameladas sentados encima del sillín de su moto, arrullándose y diciéndose cosas al oído.

En este país, si el amor es hortera y empalagoso es dos veces amor. No hay más que ver cómo decoran la entrada de los hoteles cuando celebran una boda (con un arco de globos rosas en forma de corazón), o las reportajes de boda que puedes ver en el escaparate de cualquier tienda de fotos. Deliciosas.

Un trabajo muy habitual en la ciudad es el de moto-taxi. En toooodas las aceras de la ciudad tienes cada cuatro pasos (literal) un tío sentado en el sillín de su moto ofreciéndote llevarte a cualquier parte de la ciudad por un dolar.

Te pasas el día diciendo no-no-no-thank-no-sorry-no-…

Por un lado es su forma de trabajo y te tienen que ofrecer sus servicios. Por otra parte no entienden que a ti te guste pasear.

En Vietnam solo andan los pobres de solemnidad. Si tienes cuatro duros te puedes comprar una bici y si tienes ocho una moto a plazos.

Así que no entienden como tu, que en principio te puedes gastar un dolar sin problema, vayas paseando como un indigente.

Pero no es el único servicio que te ofrecen. Son brokers, comisionistas de un montón de servicios dispares.

Cuando se convencen de que no vas a contratar su moto, aplican el plan B. Te ofrecen llevarte a un garito lleno de chicas supercariñosas, muy barato y de total confianza, donde hacer massage-boom-boom (lo de masaje supongo que será una forma de hablar).

Les comentas que no, que muchas gracias, pero que estás cansado, hace mucho calor y que prefieres seguir tu paseo y entonces pasan a la tercera opción, te ofrecen (bajando el tono de voz) marihuana.

Le dices que bah, que muchas gracias, que no, que adios y entonces te preguntan con cara rara que porqué, y ya no sabes como quitártelo de encima y te preguntas por qué has comenzado esta conversación.

Él no entiende que si tu tienes dinero no haces lo que él haría si tuviese tela y no tuviera que estar intentando venderte algo para dar de comer a su familia.

Entonces aceleras un poco el paso, le dices que adios-adios y te entra el siguiente motero. Ya me se las preguntas y las respuesta en orden.

Otro tema que me ha pasado un par de veces es el “tele-pilingui”. Vas andando por la calle o por medio de un paseo y se te cruza una moto con dos chicas y una te dice que si quieres que su amiga vaya contigo al hotel para hacerte un masaje (y un poco más bajo dice “boom-boom”).

Les dices que gracias, que no y entonces te pregunta que porqué no. Le dices lo mismo, que hace calor, o que has quedado o algo y entonces te sonrien de mala gana y se van a buscar a su siguiente víctima.

De todos modos, anécdotas aparte, no es una ciudad en la que se respire mucho tema de puterío, aunque imagino que los viajeros y más si vas solo somos un imán para la gente que se dedica a estos temas.

Pero ver la vida callejera de esta ciudad es un show. Si te sientas en una esquina, al cabo de un rato te camuflas, formas parte del paisaje, ya no te ven y choca ver cómo lo que nosotros pensamos que solo se puede hacer de una manera, se puede hacer de muchas.

Comen a todas horas sobre todo cuencos de sopa (pho) con noodles (una especie de pasta hecha con arroz), dormitan en cualquier esquina, hacen los trabajos más insospechados, en cualquier acera se ponen a soldar, a martillar una pieza de metal no sabes para qué, a serrar bambú, …

Me tomé un par de cervezas, cerca del hotel hay bares muy chulos y me fui a dormir que me había levantado a las cinco.

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1 comentario

Muero de envidiaaaaa, que nostalgia de colores,sopas,sonrisas,motos…Que lo disfrutes!!!!! Gracias por el blog , muchos vamos contigo…

Comentario por Liz Lozanos




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